“Se puede vivir dos meses sin comida y dos semanas sin agua, pero sólo se puede vivir unos minutos sin aire. La tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos. El amor es la fuerza más grande del universo, y si en el planeta hay un caos medioambiental es también porque falta amor por él. Hay suficiente en el mundo para cubrir las necesidades de todos los hombres, pero no para satisfacer su codicia. “ Mahatma Gandhi

Toda acción que parte del hombre se dirige hacia algo o alguien y necesariamente repercute en ellos, vivimos nuestra existencia recibiendo y dando, dos acciones inseparables, podemos decir que somos seres en permanente vínculo desde el día que fuimos concebidos hasta el último segundo que habitemos la tierra. Los establecemos con nosotros mismos, con el otro con el que comparto la realidad en que vivo y también con el entorno que habito donde la naturaleza ocupa un lugar preponderante, es la que nos sustenta, permite nuestra existencia, sin agua, sin los frutos de la tierra no sobrevivimos.

vinculo con la naturaleza
Desde que nacemos vamos estableciendo relaciones, en la medida que aportan a nuestro crecimiento las llamamos sanas, es decir cuando nos brindan armonía, paz, esperanza y nos motivan a ser mejores personas, este abanico de sentimientos, pensamientos y emociones que experimentamos provienen del amor, tremenda fuerza que orienta y concreta todos nuestros actos. Sin embargo, también durante nuestra vida experimentamos relaciones que no nos ayudan a crecer, antes bien nos limitan, nos bloquean y notamos que van cargadas de sentimientos de tristeza, amargura, ira entre otros, que no solo restringen nuestro desarrollo sino que también se afecta el entorno en que vivimos.

En ese sentido preguntémonos ¿cómo se encuentran nuestros vínculos con la naturaleza, con el medio ambiente? ¿Nos limitamos a ser usuarios, tomando lo que necesitamos para vivir? ¿Qué acciones desplegamos para su desarrollo? ¿Qué le brindamos, que hacemos por sostenerla?

Ahora bien, la reflexión de M. Gandhi, no se queda en el presente de nuestra vida, sino que nos interpela en cuanto al aporte que realizamos a las generaciones que vendrán, ¿Qué les estamos dejando?, ¿Cuál es nuestra respuesta concreta a la tarea de contribuir al crecimiento y sostenimiento de nuestro planeta? ¿Cómo hacemos para que nuestro vínculo con la naturaleza se haga concreto y sostenible? ¿Qué actitud y acción estoy llamado a realizar? ¿Me hago responsable de esta labor? ¿ en qué me comprometo? Lo que hoy haga o deje de hacer lo recibirán los que vienen después de nosotros, hijos, sobrinos, nietos, etc. ¿somos capaces de involucrarnos en la misión de dejar este mundo mejor que lo que encontramos? Ojala que si, y si todos juntos trabajamos en mejorar el espacio que habitamos, habrá posibilidad de lograr un futuro con mejores condiciones que las que recibimos nosotros.